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30 April 2012 @ 01:20 am
Géminis  
Título:  Géminis
Autor: Maya
Género: Angustia, Ciencia Ficción, Drama, Misterio, 
Rating: Mayores de 16
Advertencias: Lemon
Disclaimer: Alice9 no me pertenece. 
Capítulos: 1/?
Resumen: Géminis dentro del zodiaco está representado por dos hermanos, en teoría, uno bueno y uno malo, aunque en apariencia ambos sean exactamente iguales. 
¿Aun puedes recordar lo que hiciste ayer y cómo era tu vida? Lo más seguro es que sí y si no, el consejo más prudente es que no confies en nada ni nadie sólo en ti mismo, jamás dejes que te convenzan de otra cosa.
Fue una historia que pensé mientras hablaba con mis esposi :'D~ Luego durante un tiempo estuve dándole vueltas y ya la tengo pensada completamente hasta su final. Espero tener una oportunidad c:



Capítulo primero: Un extraño muy conocido

Era domingo por la noche, había pasado toda la tarde con mi actual pareja y era tiempo de dejarlo en casa y largarme a la mía. Mis cualidades de conductor me hacían sentir especial, después de todo era el único de la banda con licencia de conducir. Respiré hondo el frío aire que entraba por la ventana y desvié la mirada hacia mi compañero que venía sentado observando el paisaje con cierto grado de pereza en su semblante. No dejaba de ser gracioso cómo habíamos terminado estando juntos después de un ir y venir constante, lo que más tarde se convirtió en una relación; llevamos alrededor de 1 mes o algo así, mentiría si dijera que llevo la cuenta de la relación formal, pero tonteando llevamos cerca de 3 años.

—¿Qué pasa?, ¿estás cansado?

—Algo.

—¡Estás aburrido! —le reproché, sonriendo—. Tranquilo, ya estamos por llegar; nada más pasamos cuatro semáforos y estamos allá.

—Hiroto.

—¿Qué pasa? —detuve el automóvil cuando la luz roja se hizo presente frente a mis ojos y lo miré mientras descansaba los brazos en el manubrio, esperando luz verde para continuar.

—¿Quieres pasarte a mi casa un rato? —preguntó a regañadientes, quitándome la vista de encima y viendo por su ventanilla, estaba nervioso.

—Llevamos 3 años…

—3 y medio —me corrigió.

—Bueno, 3 años y medio, jugando, ¿y te pones nervioso ahora? ¡No juegues Tora! —me burlé antes de seguir la marcha cuando cambió la luz—. Me quedo si quieres —continué la charla antes de que él concluyera la situación.

—Claro que quiero, después de que me arrastraste contigo a dar un paseo en auto todo el día quiero algo más de intimidad.

—¡Ah! ¿Te aguantaste todo el camino para venir a echármelo en cara? —me quejé, parando el coche definitivamente frente a un edificio.

—Si estaba tan lejos al menos tenía que asegurarme de que me traerías de regreso —se rio—. Te pasas de loco, no eres un niño ya —me vio antes de negar con la cabeza y bajarse, cerrando la puerta tras de sí.

—¿Aun quieres que vaya contigo? —consulté bajando la cabeza para verlo ya en pie en la acera.

—Ya no, estoy a salvo en casa —se asomó a la ventanilla del copiloto y movió la cabeza—. Acércate.

Obedecí, esperando que me dijera algo más, aunque antes de que eso sucediera me agarró del cuello de la chaqueta  arrastrándome por sobre el freno de mano y me besó con sus labios duros y delgados, con esa poca —o más bien— nula delicadeza.

                —¡Ni se te ocurra volver a sacarme de Tokio en auto sin avisar! —me amenazó.

                —Creí que te darías cuenta cuando saliéramos a la carretera —me reí, sabiéndome inocente, una parte de mí creyó que le gustaría ser secuestrado.

                —Nos vemos mañana —me besó nuevamente, ahora un poco más suave.

                —Nos vemos —respondí levantando la mano y me relamí los labios por costumbre.

Quité el freno y empecé a andar después de acomodarme en el asiento. Así eran las cosas con él, peleas y jugarretas de ese tipo, nunca habíamos tenido una pelea realmente fuerte, pese a que sí nos habíamos agarrado a golpes. Tenemos una sintonía especial, ambos tenemos fuerza de espíritu, somos increíblemente tercos y apasionados con las cosas que nos gustan demasiado, como si entráramos en combustión espontánea estando quietos, esa clase de energía. Somos tan afines el uno al otro que temo aburrirme de él o que a él le pase eso conmigo, trabajamos juntos y eso ya es una desventaja, dicen por ahí que las parejas que están todo el tiempo juntas se cansan más pronto, por ese motivo decidimos vivir separados: él solo y yo con mis padres.

Llegué a las puertas de mi casa y me bajé para entrar el carro. Desde que empecé a tener una situación económica estable decidí vivir con mis padres en una enorme casa, una que no estaría a la altura de una familia japonesa promedio, pero que sí me podía dar el lujo de costear yo. Aparqué mi vehículo —que no era para nada un último modelo, pero que amaba—, lo abracé, estampando mi cara contra el techo. Mi vida era mejor de lo que pudiera desear y estaba agradecido.

                —¡Mogu! —llamé, apenas entré, esperando a que viniese a darme la bienvenida—. ¡Papá llegó!

Negué con frustración, al parecer no había nadie en casa, eso explicaría el que Mogu no viniese, debería estar en su jaula, claramente. Caminé para ir a verlo, entonces ocurrió un hecho que me dejó impactado, encontré a mi mascota, pero en manos de otra persona.

                —Bienvenido hermano —dijo con una sonrisa suave.

¡Debía ser una broma! Parpadeé muchas veces tratando de encontrarle el sentido a ese hombre que estaba en cuclillas jugando con mi perro en el centro de la sala, pero nada tenía sentido… era idéntico a mí: sus ojos, sus labios, su cabello, su ropa y hasta sus cicatrices eran calcadas a las mías. Un frío indescriptible se coló en mi espalda y recorrió mi espina hasta la nuca. Otra de las cosas que me habían dejado en shock fue su manera de referirse a mí: “hermano”.

                —¿Quién eres…? —pregunté aterrado.

                —¿Qué pasa contigo? Soy tu hermano —sonrió.

                —¡No! Yo tengo dos hermanos, pero tu no eres uno de ellos, definitivamente no lo eres.

                —Somos gemelos, ¿lo olvidaste? ¿Qué está pasando contigo?

                —¿Conmigo? ¡Mírate, eres irreal! —me llevé las manos a las sienes, tratando de comprender qué estaba sucediendo, apretando los ojos y queriendo despertarme.

                —Hiroto.

                —No te llamas Hiroto, ¿cierto?

                —¿Qué? No —bufó—. Soy Hajime, pero no comprendo por qué estás consultándome el nombre.

                —Porque no te conozco, por eso —miré en sus pies que estaba Mogu y lo recogí para alejarlo del engendro ese.

                —¿Qué te pasa?

                —Fuera de mi casa —pronuncié con decisión.

                —¡Hiroto! —chilló con seriedad.

                —No me interesa saber qué seas, sólo… salte de mi casa antes de que lleguen mis padres y te vean aquí.

                —¡Son nuestros padres! Hiroto, entiende, yo vivo aquí. Nosotros vivimos aquí desde que comenzó a irte bien en Alice Nine. ¿Recuerdas? Te presenté con Shou, se hicieron amigos, conociste a Tora, Nao y Saga…

                —¡WAAAAAAAAAAAH! ¡FUERA DE AQUÍ!

Mogu comenzó a ponerse inquieto en mis brazos así que lo llevé a su jaula para mantenerlo a salvo. Estaba por llegar a la histeria, tendría que llamar a la policía o bien sacarlo a patadas; me tentaba más la segunda. Mientras pensaba en qué forma librarme de eso… que era mi viva imagen, llegaron mis padres conmocionados por mi grito, los miré con pánico, no quería que vieran esa cosa que aun no podía sacar de la casa. No era un lugar seguro.

                —¡¿Qué pasa?! —preguntó alarmado mi padre, viéndonos a ambos.

                —Papá, Hiroto dice que no me recuerda.

                —¿Papá? Es mi papá, no el tuyo.

                —¿Ves? —apuntó el otro con su mano.

                —Hiroto, ¿otra vez discutiendo con Hajime?

¿Ha-ji-me? Lo contemplé unos segundos, ya hasta tenía nombre la cosa esa. Nada estaba encajando; nunca tuve un gemelo, lo recordaría de ser así. Me moví con recelo rumbo a mi cuarto, dejando a mis padres y al otro viéndome extrañados. Una vez estuve ahí cerré rápidamente la puerta y observé la habitación que estaba tal cual como la había dejado en la mañana, suspiré con alivio. Cogí el teléfono que traía en mi bolso, el que no había soltado en todo ese tiempo, llegué a apretar tanto la mano que me dolían los nudillos.

                —Ehm… ¿Tora? —tenía que calmarme para no despertar sospechas, no creía haber enloquecido, pero tenía que corroborarlo de alguna forma.

                —Ya voy a dormirme, así que ni pienses en venir hasta aquí —me alertó.

                —No se trata de eso —reí nervioso—. Ehm… Es sólo que… —era difícil de preguntar, fuese como fuese siempre sonaría raro—. ¿Sabes si tengo un gemelo…?

—¿Un gemelo? —guardó silencio antes de echarse a reír—. ¡No! Sino seguramente me habría quedado con él y no contigo, ¿me lo presentas? —siguió bromeando un rato, pero ya en ese instante mi mente se había desconectado de la conversación, el sudor frío regresó a mí.

—T-Te llamo… No, nos vemos después en la sesión…

—¿Pasa algo? Suenas extraño.

—No… Tengo sueño, eso es todo —me llevé la mano a la cabeza con aflicción—. Buenas noches.

Me abracé a mí mismo luego de colgar el móvil y dejarlo en el escritorio, en ese instante vi algunas fotografías que guardaba bajo el vidrio protector que llamaron mi atención y que no recordaba haber visto esa mañana. Eran fotos de amigos y familiares, pero ciertas de ella no se supone que debieran existir, con gran impacto descubrí dos de mí en varias de ellas. No podía ser, más tomando en cuenta lo que había dicho Tora hace sólo minutos. Arrasé con las cosas que estaban encima del escritorio para admirar todas esas circunstancias en las que yo no recordaba haber figurado jamás.

                —¿Estás mejor, Hiroto?

                —¡NO ME HABLES, FUERA DE AQUÍ! —grité a todo pulmón al escuchar mi propia voz desde el otro lado de puerta.

Me dejé caer de rodillas sin comprender qué demonios estaba pasando con mi vida; la impotencia me embargaba en lo más profundo. El miedo recorría todas las fibras de mi piel y no sabía si mi familia había enloquecido o sólo se trataba de mí.





 
 
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